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20.2.12

Senadora Nacional Norma Morandini

 “Proyecto X”
La Senadora Nacional Norma Morandini solicitó al Poder Ejecutivo que informe sobre las tareas de espionaje realizadas por la Gendarmería Nacional en el marco del denominado "Proyecto X".
Cuándo y con qué objeto fue creado el “Proyecto X”, qué tipo de información recoge,  qué medios y mecanismos se utilizan para obtener datos de dirigentes sociales y organizaciones no delictivas, qué organismos del Estado tienen acceso a la base de datos conformada, son algunas de las preguntas elevadas al Ministerio de Seguridad para que rinda cuentas de las denuncias de espionaje. 
La Constitución prohíbe a las fuerzas de seguridad, ya sea la Policía, la Gendarmería o las tres armas que espíen a los ciudadanos y los persigan por sus ideas.
Sospechar de dirigentes sociales que en ejercicio de sus derechos reclaman por la situación más angustiante que puede padecer una persona, la pérdida de su fuente de trabajo, delata que las fuerzas de seguridad no parecen haberse  reconvertido en fuerzas al servicio de la democracia, esto es, para proteger a los ciudadanos y sus derechos. En Argentina, como cultura, no incorporamos la idea de que tortura, espionaje y persecución son incompatibles con una sociedad que ha basado toda su normativa constitucional en los Tratados Internacionales de Derechos Humanos que consagran tanto el derecho a decir como el derecho a peticionar.
En un país como el nuestro, que peligrosamente va aceptando el incumplimiento de la ley, el Gobierno no puede ser ajeno a la práctica de espionaje, reconocida por la máxima autoridad de la Gendarmería, una fuerza que debería centrar su acción en proteger nuestras fronteras del crimen organizado, del trafico de drogas y de la trata de personas, convertidas en los negocios más rentables de la ilegalidad.
La naturalización de que se pueden abrir nuestros correos, escuchar nuestras conversaciones telefónicas o, como en el caso del denominado “Proyecto X”, desconfiar y por eso “espiar” a los dirigentes sociales, advierte peligrosamente sobre el carácter extorsivo que pervierte a nuestro sistema de gobierno, al convertir a las personas nuevamente en sospechosas.
Si la política también son sus fantasmas, la única forma de exorcizarlos es finalmente construir una cultura democrática que nos incluya a todos, que respete la ley y antes que sospechar de las víctimas, el Estado asuma que cuenta con la fuerza pública para estar servicio de la ciudadanía y no del poder.

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