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4.3.12

Movimiento Libres del Sur Regional San Luis

EL POBRE PAPEL DEL KIRCHNERISMO PROGRESISTA

Publicado el 3 de Marzo de 2012.
Humberto Tumini
Sábado 3 de marzo del 2012, Capital Federal
EL POBRE PAPEL DEL KIRCHNERISMO PROGRESISTA  
Si hay un momento donde ha quedado de manifiesto el pobre papel del progresismo K, ha sido luego del discurso de Cristina Fernández de Kirchner abriendo las sesiones parlamentarias del 2012. Después de que la presidenta alabara las políticas del menemismo en minería, petróleo y privatizaciones de los trenes, que informara que no hace falta derogar la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, y se despachara a gusto contra los docentes con expresiones propias de los que gobernaban en los noventa, casi ningún dirigente de ese sector del oficialismo levantó la voz.
 

Y hasta hubo alguno que se deshizo en alabanzas: “Fue un discurso excelente. La presidenta tiene la virtud de emocionar y llenar de entusiasmo cada vez que habla en público. Pero además sus discursos tienen un profundo contenido institucional y político, definiendo con muchos datos la situación del país y marcando claramente hacia dónde propone que vaya Argentina, qué espera de quienes formamos parte del proyecto nacional y cuáles son los intereses y los desafíos que enfrentamos”, opinó Martín Sabbatella.
Pero analicemos más en profundidad el papel y comportamiento de este sector político. Sabido es que, desde el momento en que el ex presidente Néstor Kirchner -allá por comienzos del 2008- decidió abandonar la estrategia de construcción política “transversal” para conducir el Justicialismo, poniendo a este partido de hecho como columna de su proyecto, tuvieron desde el gobierno una particular preocupación por mostrar que no todo era “pejotismo”, sino que también una segmento importante de las fuerzas, dirigentes, intelectuales y artistas progresistas estaban con ellos. Eso, incluso, es más marcado en la actualidad con Cristina. La estrategia era entonces -y es ahora- exponer que no solo de impresentables está compuesto el proyecto; y que a su izquierda solo “está la pared”. Es decir, nadie representativo mora allí.
Una parte para nada desdeñable de quienes componen aquel espacio político y social en el país -de izquierda o centroizquierda, podríamos decir- se sintió convocada por el gobierno, ya sea por convicción o conveniencia. A partir de ese momento hicieron ingentes esfuerzos para demostrar que había coherencia entre el discurso “nacional y popular” y la política concreta de este. Tomaron como estandartes algunas medidas y decisiones del kirchnerismo valorables; que abonan, según ellos con creces, lo correcto de su alineamiento: la política de Derechos Humanos respecto de la dictadura, la Asignación Universal por Hijo, el alineamiento internacional latinoamericanista, la nacionalización de las AFJP, fundamentalmente. Como así también el actual enfrentamiento con el grupo Clarín, ocultando piadosamente la alianza con el mismo por más de cinco años y justificando, en función de esta supuesta batalla, acuerdos con cualquier bribón que ande por los medios, como el grupo Vila-Manzano, entre otros.
Por cierto, el otro costado del discurso del progresismo K, ha sido acusar a quienes nos oponemos a este gobierno por izquierda, de ser funcionales a la derecha. Intentando así, para desprestigiarnos, reflotar viejas historias de la vida nacional, que fueron tragedia en su momento y hoy lucen como comedia justificatoria.
¿Para justificar qué? Bueno, no es fácil la actuación pública de quienes dicen expresar proyectos de progreso para la Argentina, y al mismo tiempo tienen que explicar porqué los encarna esta administración kirchnerista. En política suelen dibujarse muchas cosas, y sino sigámosla de cerca a la presidenta. Pero hay algunas que son cada vez más arduas de pintar.
Veamos. Este progresismo hoy oficialista, fue desde siempre y con razón sumamente crítico del justicialismo que parieron los años setenta, y particularmente los noventa. “El PJ es una asociación ilícita” decía por el año 2008 todavía Edgardo Depetri. Pues bien, es difícil meter bajo la alfombra a la cantidad de dirigentes que estuvieron con Menem y Duhalde y ahora habitan en la alianza de gobierno, y el rol absolutamente protagónico que en ella juegan.
 

Sigamos. La mayoría de estos dirigentes e intelectuales progres condenaron duramente y durante años la corrupción en los gobiernos pasados. Con justa causa. Hoy, notablemente, miran para otro lado frente al descarado enriquecimiento de una pléyade de funcionarios K, de lo más alto hacia abajo. Se han olvidado parece, que hacer plata en la función pública no es -de Belgrano para acá- muy ejemplar que digamos.
No queda allí la cuestión. La casi totalidad de estos mencionados sectores, sus dirigentes y personalidades -periodistas incluidos- cuestionaron y enfrentaron en su momento al modelo neoliberal entronizado por la dictadura y profundizado en los noventa. Destacan hoy, con razón, como acción de este gobierno opuesta a aquel, el canje de deuda de Néstor Kirchner. Pero parece que solo la deuda externa era parte del oprobioso modelo de la entrega. Interesadamente, para poder explicar su posicionamiento político, hacen silencio con la continuidad de la política minera, simbolizada en la reunión de Cristina con el dueño de la Barrick Gold. Otro tanto han hecho hasta ahora -que el gobierno los habilitó al cuestionamiento- con la política petrolera del otrora innombrable, cuya continuidad ha terminado por traer gravísimas consecuencias, que obviamente pagaremos “los 40 millones” que dice una y otra vez representar la presidenta. También hacen silencio respecto de que las privatizaciones ferroviarias, tan contrarias al interés nacional y popular por donde carajo se las mire, que se acaban de llevar 51 vidas trabajadoras, tuvieron su continuidad los últimos 9 años. Y siguen regidas por la misma alianza para la corrupción, entre la actual administración, los empresarios amigos y lo peor de la burocracia sindical.
Para el progresismo K parece que no había ni hay condiciones para cambiar estas políticas neoliberales -absolutamente determinantes para el rumbo nacional- porque entre otras cosas “no da la correlación de fuerzas”, y al “gobierno le ponen palos en la rueda” sus enemigos, que son una rara mezcla de derecha con izquierda.
Para terminar digamos que hasta en el terreno de los derechos humanos, tan caros a todos los argentinos y argentinas de bien, han decidido moverse con el “pragmatismo” que hacen gala en todo lo anterior. Ni uno de sus representantes en el Congreso dejó de votar la ignominiosa Ley Antiterrorista; pocos de sus dirigentes esbozaron alguna crítica a la creciente represión de la protesta social que los gobernadores oficialistas -incluyendo el de Santa Cruz- llevan adelante: y menos aún cuestionaron el ilegal trabajo de inteligencia gubernamental, capitaneado por una de ellos, la ministra Nilda Garré. Por cierto que ninguno desconoce que esto, el espionaje, se ejecuta hace rato; habida cuenta que se cuidan bien -al igual que todos nosotros- de lo que hablan por teléfono o ponen en sus correos. Que lo haga la derecha macrista es condenable, que lo haga Cristina, para ellos, ya no es tan grave. Patético.
 

Gran parte del progresismo, no todo, recaló en el Frepaso de los noventa. Y ya en ese entonces se negaron a aceptar, a pesar de las innumerables evidencias, que el gobierno de De la Rúa era una continuidad del modelo neoliberal. A punto tal, que en él permanecieron hasta que el pueblo los echó a patadas el 19 y 20 de diciembre. Previo a eso, hasta se tragaron el sapo de verlo a Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía. Los que hoy, con el argumento que siguen buscando lo mejor para el país, visten por izquierda un gobierno que -objetivamente y en esencia- no marcha en esa dirección, debieran sacar buenas conclusiones de aquella experiencia fallida. Sería una lástima que no lo hicieran y persistan en viejos y graves errores.

Humberto Tumini
Movimiento Libres del Sur - Frente Amplio Progresista



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