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22.3.07

En un mes, diálogo con Uruguay en Madrid

En un mes, diálogo con Uruguay en Madrid

JoaquínMoralesSolá

Gracias a las activas y secretas gestiones del rey Juan Carlos, la primera reunión entre altos funcionarios argentinos y uruguayos por el diferendo de las papeleras se hará en Madrid entre el 18 y el 20 de abril. En un momento de extrema frialdad entre los gobiernos de Buenos Aires y de Montevideo, el gobierno español habría anticipado que no está en la voluntad del monarca dar por concluida su gestión con esa primera reunión. El encuentro ha sido calificado de diálogo y no de negociación, porque la administración de Tabaré Vázquez no acepta negociar con los puentes cortados. Sin embargo, a los uruguayos y a los argentinos les interesa la permanencia del rey Juan Carlos como una instancia que asegure la continuidad del diálogo y la posterior negociación. Un temor en ambos lados del Río de la Plata se refería a la posibilidad de que el popular monarca diera por concluida su gestión tras el encuentro de abril en Madrid. En rigor, y si bien su gobierno habría garantizado que no es intención del jefe de Estado español abandonar de inmediato lo que se ha dado en llamar la facilitación, también es verdad que argentinos y uruguayos deberán demostrar que tienen vocación de acercarse para llegar a un acuerdo. "España no puede correr el riesgo de que el fracaso caiga sobre las espaldas del rey", dijeron empinadas fuentes diplomáticas en Madrid. "La ausencia del rey sería una catástrofe política, porque nos quedaríamos sin ningún referente en condiciones de serenar los ánimos y de convocar." Funcionarios argentinos y uruguayos han coincidido, más o menos, en hacer esa misma descripción de lo que sucedería si el rey Juan Carlos pusiera fin abruptamente a su tarea, que comenzó en noviembre, tras la cumbre iberoamericana de Montevideo, y que prosiguió luego con intensas actividades en Buenos Aires y en Montevideo por parte del enviado real, el embajador español Juan Antonio Yáñez. La delegación argentina estaría encabezada por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y la integraría también el canciller Jorge Taiana. La uruguaya la integraría el secretario general de la Presidencia, Gonzalo Fernández, un hombre de extrema confianza de Tabaré Vázquez, aunque no se sabe si también viajaría el canciller Reynaldo Gargano. De todos modos, los gobiernos de ambos países en conflicto sólo tienen expectativas de avances lentos y descartan, por lo tanto, la posibilidad de anuncios espectaculares tras la primera reunión de Madrid. Una de los problemas que aparecieron en los días recientes es que el presidente Néstor Kirchner preferiría demorar la firma de un acuerdo definitivo para después de las elecciones de octubre. El obstáculo electoral es, desde ya, Gualeguaychú. A pesar de que el candidato a intendente de esa ciudad por los asambleístas (o que, al menos, es uno de los principales dirigentes de la sublevación) sacó sólo el 6 por ciento de los votos en el sufragio entrerriano, la política provincial y LA NACIONal siguen pendientes de Gualeguaychú. También el candidato a gobernador más comprometido con la asamblea de vecinos fue relegado al cuarto puesto en las elecciones de Entre Ríos. Kirchner sabe, de todos modos, que no podrá haber acuerdo definitivo con Uruguay si no existiera el compromiso firme de la Argentina de que asegurará la libertad de circulación por los puentes binacionales. Ese es, quizá, el punto que terminará llevando el acuerdo para después de las elecciones. Pero, no obstante, podría haber muchos progresos previos. De hecho, Taiana se impuso la obligación de concluir con el conflicto antes de que termine el mandato, el 10 de diciembre. Una de las cosas que se podrían negociar bajo el paraguas del rey español es, por ejemplo, que la empresa Botnia no comience la producción de pasta de celulosa antes de las elecciones presidenciales. Botnia tiene programado empezar la fabricación de pasta justo en el mes de octubre. Otro aspecto no menor del conflicto será la tarea de despejar el recelo mutuo que existe entre los dos presidentes. Kirchner está definitivamente decepcionado de Tabaré Vázquez y Tabaré Vázquez no volverá a confiar nunca en la buena voluntad de su colega argentino. Decepción y desconfianza. La situación es tan sencilla -y dramática- como esa síntesis. Con todo, altas fuentes uruguayas aseguraron que está en el espíritu de Tabaré Vázquez la búsqueda de una fórmula capaz de mostrar a un Kirchner con cierto éxito en el resultado final. "No queremos dejarlo enojado y rencoroso con Tabaré Vázquez ni con Uruguay", dijeron. El propio Kirchner viene señalando en la intimidad que la instancia abierta por el rey Juan Carlos terminará en una negociación y que, como toda negociación, ésta necesitará también de la voluntad de conceder. "Una negociación significa reclamar y conceder al mismo tiempo. Y los primeros que deben saberlo son los propios asambleístas de Gualeguaychú", suele repetir Kirchner. Las fórmulas del acuerdo han sido conversadas por argentinos y uruguayos durante mucho tiempo y ya hay muy poco margen para inventar cosas nuevas. Esas fórmulas incluyen las garantías medioambientales para el litoral del río Uruguay, una forma de darle certezas a la sociedad de Gualeguaychú y mostrar de una manera elegante lo que ya es inmodificable: Botnia no se irá de Fray Bentos. Las obras de construcción de la fábrica están demasiadas avanzadas como para imaginar una relocalización. No hay nada peor en este sutil trámite diplomático que la acción cismática de los voluntarios. Hubo en los últimos días hasta una disputa argentino-uruguaya por la culpa del dengue. El culpable es el mosquito y no los argentinos ni los uruguayos. Lo único que podrían hacer los dos países juntos es combatir los efectos devastadores de la epidemia. Por su parte, el ex canciller Rafael Bielsa se entreveró también en una polémica por la historia del conflicto. La réplica uruguaya no careció, a su vez, de dureza ni de voltaje. Esas fricciones verbales son las que habían hecho temer, a sectores diplomáticos de ambos países, sobre la posibilidad de que el rey Juan Carlos no le encontrara sentido a su gestión más allá de la próxima y primera reunión. Es probable que se quede lidiando entre argentinos y uruguayos, pero éstos deberán hacer algo más que abrirse heridas entre ellos confiando en que luego el monarca las curará a tiempo, antes de morir desangrados. Por Joaquín Morales Solá Para LA NACION

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