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12.6.08

Por qué los cordobeses estamos enojados

El interior arde y Buenos Aires lo mira por televisión, casi sin entender o, lo que es más grave, mal entendiendo por mal conocer.
Por Norma Morandini*
12.06.2008

“Esta semana en el programa de televisión más visto de la mañana cordobesa, su conductor, Aldo “Lagarto” Guizzardi, invitó a los televidentes a calificar el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a seis meses de su asunción: el 94 por ciento la calificó de “mala”. La compulsa tuvo un filtro que impedía votar más de una vez desde un mismo teléfono, para evitar que el resultado sea distorsionado por “punteros” que militan con el dedo.
Recordé la crisis de 2001, ese estallido de furia simbolizado en el “que se vayan todos”. Viajaba semanalmente entre Buenos Aires y Córdoba. Lo que en la capital se vivía como enojo y desolación, en el interior se veía de manera atenuada. Salía de Córdoba con humor, y bastante antes de la General Paz escuchaba los insultos en la radio, de oyentes y conductores. Hoy vivo todo al revés: el interior arde y Buenos Aires lo mira por televisión, casi sin entender o, lo que es más grave, mal entendiendo por mal conocer.
En la sociedad del precio, los que lloran son los bolsillos por la inequidad de la redistribución. Para que se entienda: del total de las retenciones, 32.600 millones de pesos anuales en concepto de exportación de granos y oleaginosas, que no se coparticipan, Córdoba es la segunda mayor aportante, con el 24,8 por ciento, detrás de Buenos Aires, con el 31,2 por ciento. En una proporción equivalente a Córdoba sigue Santa Fe con el 21,4 por ciento. Como es correcta la filosofía de que el que más tiene ayuda al que menos tiene, podríamos aceptar las retenciones, como de hecho se aceptaron en el inicio, si toda esa masa de dinero regresara en concepto de rutas, caminos, puentes, transportes, cloacas, escuelas. Pero nada de eso sucede.
A Buenos Aires le vuelve el 13 por ciento y Santa Fe, que aporta menos, recibe un poco más que Córdoba, tampoco una enormidad, el 4,3 por ciento. En cuanto a Santa Cruz, que nada aporta y que tiene cinco veces menos la población de Córdoba, le regresa el 3,9 por ciento. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con una población equivalente a la de la provincia de Córdoba, tampoco aporta nada y sin embargo le regresa el 25 por ciento. ¿Será porque la protesta televisada es igualmente unitaria y lo que suena fuerte en la Plaza de Mayo apenas si se oye cuando repican las campanas o las cacerolas más allá del Obelisco?
Ejemplo: Los cordobeses viajan mal en la ciudad, pagan el boleto de transporte a 1,50 porque no reciben los 42 pesos de subsidio por pasajero que recibe el transporte de la Capital.
Las cuentas de la provincia están al rojo vivo, con dinero que apenas llega para pagar los sueldos, y una Caja de Jubilaciones que no fue transferida a la Nación, como sucedió en otras provincias, pero que acumula una deuda desconocida por el gobierno central. Es cierto que ésta es una inequidad de arrastre que la crisis del campo también puso en evidencia.
No caigamos en el error de 2001, que redujo la crisis a la debacle económica, sin reconocer que, en realidad, la gran debacle argentina es política: una cultura atrasada que sigue confundiendo verdad con traición, gobernadores con virreyes, que simplifica la democracia con números, desconociendo que las democracias modernas no se definen por el consumo sino por los derechos, y sigue creyendo que nuestro país termina en la General Paz, sin advertir que sin Nación no hay ciudadanos, aunque alimentemos al mundo.
* Periodista y diputada nacional por Córdoba.
criticadigital

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