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22.6.08

Capitanich hace equilibrio entre Kirchner y su padre

El conflicto con el campo / El dilema del gobernador del Chaco Capitanich hace equilibrio entre Kirchner y su padre
http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=1023677
Su familia se dedica a la soja y rechaza los ataques al agro
PRESIDENCIA ROQUE SAENZ PEÑA, Chaco.- Daniel Capitanich camina solo, en silencio, por las calles de un pueblo conmovido. Desde su casa se oye el ruido gastado de los tractores que acompañan el cortejo fúnebre de Raúl Vega, presidente de la cooperativa agrícola y máximo líder del reclamo agrario. Una suerte de "De Angeli chaqueño". Dos días antes se había descompuesto en plena ruta. Capitanich recuerda y se le hace difícil hablar. A lo lejos, la caravana que despide a Vega se pierde en el horizonte. "Acá el conflicto repercute mucho. Este es el centro de la producción chaqueña", dice.
En Sáenz Peña todo el mundo vive del campo. Incluso Capitanich. Productor algodonero durante 50 años, a los 75 todavía es socio de la cooperativa que Vega presidía. Ahora, su hijo mayor, Héctor, y el menor, Daniel, manejan las 350 hectáreas que administraba. Cultivan algodón, pero también maíz, girasol y, sobre todo, soja. Su otro hijo, en cambio, no es productor: Jorge es el gobernador de la provincia. Su relación con el agro fue estrecha sólo a fines de los 90, cuando creó un fondo de inversión para usufructuar grandes extensiones agrícolas. Explotaba un pool de siembra.
Pero el gobernador cambió. Hace 100 días, Jorge Capitanich se transformó en uno de los voceros más duros contra la protesta agropecuaria. Fue el encargado de leer el comunicado del PJ que acusó al agro de "golpista". Se convirtió en cara visible de un gobierno que critica los pools.
"Jorge no puede llamar golpista al campo, porque nos llamaría golpistas a nosotros", dijo su padre a LA NACION. Después lo defendió: "Fue un malentendido. El defiende al productor. Conoce bien el campo".
Los hermanos Capitanich vivieron su infancia en La Montenegrina, una región algodonera cerca de aquí. Cuando Jorge cumplió 10 años su padre se enfermó: no pudo trabajar más la tierra. Alquiló sus hectáreas mientras esperaba que sus hijos pudieran administrarlas. Y se mudó al pueblo.
Los Capitanich se sostuvieron con un almacén que pusieron en su nueva casa. Años después, Héctor volvió al campo. Daniel, el menor, se sumó cuando cumplió 18. Jorge, en cambio, decidió irse a Resistencia. Quería ser contador.
Con el tiempo, Héctor se quedó con 300 hectáreas. Luego administró otras 1500. Daniel se hizo cargo de 60. En el camino, Héctor fue candidato radical en el pueblo donde vive, Campo Largo, en 1995. Otra curiosidad familiar del futuro gobernador peronista.
En 1997, Daniel y Jorge probaron suerte con el pool de siembra Fondagro, dedicado al algodón. Habían arrancado bien, con un presupuesto de 7 millones de dólares. Según Daniel -hoy funcionario del gobierno de su hermano-, terminaron mal: "Nos cagaron más los pools que los gobiernos. Cuando no hubo rentabilidad, se rajaron todos". La oposición usa ese pasado para abrir grietas en el presente. "Capitanich es un liberal disfrazado de progresista. El promovió los pools en Chaco", recalca el ex gobernador Angel Rozas. Capitanich se defendió: "No es ningún pecado haber organizado un pool" (ver aparte).
Cuando el gobernador dejó la inversión agrícola, en 2002, sus hermanos ya habían diversificado cultivos para sobrevivir. Obviamente, incluyeron la soja. "Es innegable: nos empezó a ir bien", dice hoy Daniel. Para él, la queja por la suba de las retenciones es exagerada. "El campo tiene rentabilidad. Te puedo mostrar mis números: esta campaña va a ser rentable".
En la familia el conflicto es la vedette de toda discusión. "El Gobierno cometió errores. La Presidenta se equivocó yendo al choque", criticó Daniel. También cuestionó al campo: "Con las metodologías de protesta pifió feo".
Juntos en el gobierno, Jorge y Daniel logran acordar. Los debates con Héctor son más ásperos. "¿Dónde está el Gobierno cuándo tenemos malas campañas?", se quejó frente a su hermano. El gobernador retrucó: "No hay que tirar por la borda un modelo exitoso". Que acuerden es difícil.
Los productores se ufanan "del Héctor": aseguran que "visitó" los piquetes. "Estuvo varias veces -aseguró Miguel Kolar, vocero de los productores-. Nosotros lo protegimos de los periodistas." Todos aquí resguardan a los Capitanich. "No estamos contra la familia", recalcó el productor Miguel Recondo. "Pero está claro: el hermano nos quiere fundir."
Una sola palabra circula en el interior: "Traidor". Los ruralistas acusan al gobernador de "haber olvidado sus orígenes" y "ponerles el pecho a las balas para recibir favores del Gobierno". En Resistencia el ambiente terminó enrarecido. "Jorge se pasó de rosca", confiesan oficialistas y opositores.
Capitanich contestó indignado. "Soy fiel a mis convicciones. Y recuerden: este traidor era jefe de Gabinete cuando lograron el cambio competitivo, este traidor resolvió sus deudas, este traidor trabajó para que la ganadería tenga mejores precios, este traidor creó una ley algodonera. Que digan lo que quieran los grupos radicalizados vinculados a la oposición chaqueña."
Mientras tanto, los ruralistas usan golpes bajos. "¿Por qué refinanció deudas si dice que ganamos tanta plata?", preguntó Kolar. "¿Por qué el padre anda en bicicleta si somos oligarcas?", dijo Recondo.
Cuando recibió a LA NACION, don Capitanich caminaba porque la bicicleta se le había perdido. "Me la deben haber robado", decía extrañado. Después elogió a su hijo y pidió "diálogo". Quienes lo conocen aseguran que teme que Jorge termine afectado por la crisis. Con LA NACION fue mesurado: "Tengo que hablar con él. Hay cosas que no entiendo". Al rato volvió a hablar de la bicicleta. "Es muy extraño", repetía. Tan extraño como su pueblo movilizado, donde pronuncian su apellido con enojo por primera vez.
Por Juan Pablo Morales Enviado Especial


RESISTENCIA (De un enviado especial).-
Jorge Capitanich se enoja cuando se le recuerda su pasado como inversor agrícola. Levanta la voz e insiste todo el tiempo con que está alejado de la actividad. "¡Le di todo a Raúl Fernández! ¡Ahora ni lo veo! No entiendo por qué tanta saña con algo que es transparente", protesta. Después resume la historia: en 2002 le entregó su empresa, M-Unit, a un amigo de estudios. La misma con la cual había creado Fondagro , el fondo de inversión chaqueño para usufructuar grandes extensiones agrícolas. "Desde entonces no me dedico a eso", asegura. -¿Cuándo creó el pool? -En 1997 organizamos un pool de siembra con preponderancia de algodón. Eso no es ningún pecado. No demonizo a nada ni a nadie. -Pero en un gobierno que dice atacar a los pools de siembra -Algunos voceros los atacan, yo no -Usted defiende al Gobierno con esos mismos argumentos -[Silencio] Los mecanismos de financiamiento de la actividad agropecuaria no son mecanismos que puedan ser denostados -Entonces no está en contra de los pools... -Yo lo que digo es que los pools de siembra tienen una tasa de excedente que puede generar una mayor tasa de contribución. Tienen otra dinámica y rentas diferenciales. Entonces, me parece que hay que separar los pools de los pequeños productores.
Para eso, los reintegros pueden ser importantes. Pero, más allá de eso, haber tenido un pool no me desacredita como gobernador ni como persona.

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